Duelo y cambios
Hacerle un lugar a quien falta
Es miércoles y en tres días empieza el puente de Todos los Santos. Si este año falta alguien en tu casa, no tienes que recordarlo como lo hacen los demás: un gesto pequeño, del tamaño de tu día, también es un lugar.
Toc Toc Soy Dios · 28 de octubre de 2026 · 8 min de lectura
Es miércoles. En tres días empieza un puente largo: sábado 31 de octubre, domingo 1 y lunes 2 de noviembre, festivo. En las floristerías ya hay más baldes que de costumbre, en el grupo de la familia alguien pregunta a qué hora salimos, y la fecha va a llegar igual, la hayas marcado en el calendario o no.
Si este año falta alguien en tu casa, estos días pesan de una manera particular. No es solo el recuerdo. Es la logística del recuerdo: quién va al cementerio y quién no, qué se lleva, qué se dice en la mesa, y esa incomodidad de sentir que hay una forma correcta de hacer todo esto y que tú no la estás haciendo.
No hay una manera correcta
Hay familias que van cada año, limpian la lápida, llevan flores y se quedan un rato largo conversando como si nada hubiera cambiado. Hay personas que no logran ni acercarse a la entrada del cementerio y se quedan esperando en el carro. Hay quien prefiere ir el martes, cuando ya no hay gente. Y hay quien ese día trabaja, cocina, lava ropa y no menciona el tema con nadie.
Ninguna de esas personas lo está haciendo mal. El cariño no se mide en kilómetros recorridos ni en flores compradas, y nadie te va a calificar la manera en que extrañas. La presión tampoco suele venir de los demás: viene de una voz adentro que dice ya debería estar mejor, ya pasó un año, ya no debería dolerme así. El tiempo no funciona con esa aritmética. Hay pérdidas que a los cinco años todavía aprietan en una fecha concreta, y eso no significa que algo esté roto en ti.
Un gesto del tamaño de tu día
Cuando la fecha llega, ayuda tener algo concreto que hacer. No un ritual grande ni una reunión que haya que organizar: un gesto que quepa en el día que de verdad tienes.
Puede ser cocinar el plato que esa persona pedía siempre, aunque te quede distinto. Poner su canción mientras lavas los platos. Escribir en una libreta una frase corta, la que le dirías hoy si pudieras: cómo vas, qué pasó este año, qué extrañas. Decir su nombre en voz alta en la mesa, que es algo que las familias dejan de hacer muy rápido y que casi siempre alivia. Encender una vela y dejarla ahí, sin discurso. O ir al cementerio diez minutos, dejar las flores y volverte, sin quedarte a cumplir un tiempo mínimo.
La idea no es sentir algo determinado. Puede que llores, puede que no, puede que te dé risa un recuerdo bobo en medio de todo. Un gesto así no cierra nada ni cura nada. Hace otra cosa, más pequeña y más útil: le hace un lugar.
A quien falta no se le llena el puesto. Se le hace un lugar, y se sigue poniendo la mesa alrededor.
Si el fin de semana se te hace grande
Hay años en que la fecha se atraviesa sola y hay años en que no. Si este es de los segundos, vale avisarle a una persona: «este domingo va a estar raro para mí». No necesitas contarle a todos ni estar disponible para la reunión completa. A veces basta con que alguien sepa por dónde andas, y con darte permiso de llegar tarde, irte temprano o no ir.
Y si lo que sientes hace semanas no cede —no logras dormir, no puedes con lo de siempre, la tristeza se volvió el único clima—, apoyarte en alguien cercano o buscar acompañamiento profesional no es exagerar. Es lo mismo que pedir una cita cuando algo del cuerpo no mejora solo.
Si eres tú quien acompaña a alguien así este fin de semana, no necesitas decir nada bueno. Casi todo lo que se dice en esos días suena a frase hecha. Preguntar funciona mejor: cuéntame cómo era, qué es lo que más extrañas. Dejar que hablen de esa persona en presente si así les sale. Y quedarte en el silencio sin apurarlo.
El lunes 2 va a pasar, como pasó el del año pasado, y el martes la rutina vuelve a su sitio. Antes de eso, si quieres, haz el gesto pequeño. No por cumplirle a nadie: porque quien falta sigue siendo parte de tu casa, y a los que son parte de la casa se les hace un lugar.
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