Relaciones
Lo que no cabe en un "estoy bien"
Decimos que estamos bien más rápido de lo que lo sentimos. Una mirada serena a esa costumbre y una práctica pequeña para dejar que una persona, una sola, sepa cómo vas de verdad.
Toc Toc Soy Dios · 20 de septiembre de 2026 · 7 min de lectura
Alguien te pregunta cómo vas y contestas antes de pensarlo. Bien. A veces es cierto. Otras veces es solo la respuesta más corta: la que no obliga a nadie a detenerse y te deja seguir con el día sin abrir nada.
Este año se conoció en Colombia la Encuesta Nacional de Salud Mental más grande que se ha hecho en el país. Entre todos sus datos hay uno que vale la pena mirar despacio: nueve de cada diez personas dicen que su salud mental es buena, pero solo cerca de siete de cada diez se declaran satisfechas con su vida. En esa distancia cabe mucha gente contestando bien sin estarlo del todo.
El estoy bien también protege
Conviene decirlo antes de seguir: responder bien no es mentir ni fallar. Hay lugares donde no se puede abrir nada. El trabajo a las nueve de la mañana, la fila del banco, el chat del grupo familiar. Esa respuesta corta te cuida y te deja llegar entero al final del día. El problema no es usarla. El problema empieza cuando se vuelve la única que sabes dar, incluso con las personas con las que sí podrías decir otra cosa.
Se habla mucho últimamente de positividad tóxica. Suena a etiqueta de internet, pero señala algo real: la costumbre de tapar rápido lo que incomoda, propio o ajeno. Échale ganas. Todo pasa por algo. Al menos tienes salud. Frases que casi siempre se dicen con buena intención y que, sin querer, dejan a la otra persona más sola de lo que estaba.
Hay una manera sencilla de darte cuenta de cómo andas con esto: fíjate hace cuánto no le cuentas a nadie algo que te esté costando. No un resumen. Algo pequeño y verdadero. Que estás durmiendo mal. Que el dinero no alcanza. Que extrañas a alguien. Que llevas semanas cansado sin motivo claro.
Estar mal y estar solo con eso no son lo mismo
La misma encuesta encontró que alrededor del 16 por ciento de las personas en Colombia se siente sola o aislada, y que entre quienes viven una separación o una viudez la cifra sube a casi una de cada cuatro. Son números, y los números nunca cuentan el detalle de nadie. Pero algo dicen: buena parte de la carga se está llevando en privado.
Contarle algo a una persona no arregla lo que pasa. No devuelve a quien se fue, no paga la deuda, no borra el diagnóstico. Lo que cambia es otra cosa, y no es poca: deja de ser algo que sostienes a escondidas. Lo que se nombra en voz alta suele volverse más manejable que lo que se repite a solas, de noche, en la cabeza.
No tienes que estar entero para dejarte acompañar.
Algo concreto para esta semana
Una sola práctica, y bastante pequeña: cambia la respuesta una vez al día. Cuando alguien de confianza te pregunte cómo vas, en lugar de bien, di algo verdadero y corto. Cansado. Con mucho encima. Mejor que ayer. Preocupado, pero aquí. No hace falta explicar más ni abrir la conversación entera. A veces la palabra exacta ya es suficiente.
Y una segunda, para el fin de semana: elige a una persona, una sola, y cuéntale algo que no le has contado. Sin pedirle que lo resuelva. Puedes decirlo así de simple: no necesito que hagas nada, solo quería que alguien lo supiera. Si rezas, ahí vale igual. No hace falta llegar con discurso ni con las palabras ordenadas.
Hay cargas que no se sostienen a pulso. Si estás en un duelo reciente, si la angustia no baja hace semanas o si aparecen pensamientos que te asustan, esto vale doble: apóyate en alguien cercano y busca acompañamiento profesional. Pedir ayuda no es rendirse, es repartir el peso.
No necesitas una respuesta nueva para todo. Basta con una verdadera, dicha a una persona, una vez esta semana.
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